Hola, gracias por llegar a mi página y conocer mi trabajo.

 

Mi nombre es Carolina Alvarado, nací en Bogotá Colombia, soy mamá de tres niños que fueron mi inspiración más grande para estudiar fotografía, y capturar no solo cada momento especial de sus vidas, sino empezar a documentar su infancia de una manera muy natural, su día a día, su caos, sus pataletas, sus juegos. Todos los detalles de sus rutinas, sus expresiones y emociones. Quería guardar la forma en que yo los veía para mostrárselos cuando crecieran.

La vida te pone a prueba todo el tiempo y hace 8 años las circunstancias me hicieron replantear muchas cosas y decidí reinventarme y lanzarme a hacer lo que más me gustaba. Con el impulso y la ayuda de muchas personas especiales que me animaron a seguir, comencé a trabajar con mi pasión, creo que realmente empecé a vivir desde ese momento. Empecé a valorar mis cualidades, a aprovecharlas, a luchar contra mis miedos. Empezó un camino de aventuras y oportunidades, hoy siento que no cambiaría nada. Soy muy afortunada, porque pude convertir mi pasión en mi trabajo. Ahora puedo decir que hago lo mismo que hacía con mis hijos, pero con otras familias.

Amo cada aspecto de la fotografía. Con mi trabajo conozco gente nueva, salgo de las sesiones sintiendo que tengo nuevos amigos, así tenga que invertir horas y horas de organización y edición, lo hago feliz porque disfruto mucho lo que hago. Para mí todo es fotografía. Todo lo que siento cuando veo una foto o cuando veo a través del lente, lo que percibo a través de mi cámara me llega al alma y me emociona, y es porque no se toman fotos con los ojos, ni con una buena cámara, se toman realmente con el corazón.

Una de las cosas más importantes que he aprendido es que no solo tengo que ser espectadora de un momento, sino que la empatía vale mucho más.  Contar historias sin palabras, hacer llorar de felicidad o tristeza con imágenes, porque realmente trasmiten la verdad de una historia, y es que eso es lo que hago, cuento historias de la gente, de los niños, de las familias. Y que en esas sesiones la naturalidad del momento fluya, que se vea el amor real, preferiblemente con luz natural, y sobre todo poder capturar las conexiones y los detalles sinceros que valen la pena.

 

Se que me falta mucho por aprender, mucho que lograr como mamá,  fotógrafa y ser humano. Seguiré siendo una soñadora que cree que todo es posible, lo he visto. Tengo también mucho que agradecer, a Dios  por este don tan especial, a mi familia por su apoyo incondicional y motivación, a mis hijos por enseñarme tanto y hacerme reconocer que puedo convertirme en solo amor. A mis clientes por confiar en mi criterio visual, en mi sensibilidad y en mi trabajo. Por dejarme guardar sus historias, y entender que estoy detrás de cada detalle para darles lo mejor y así dejar el recuerdo para siempre de una parte de sus vidas.

 

Aquí voy,  avanzando sin saber  que me deparará el futuro,  porque solo quiero que la vida me siga sorprendiendo siempre como aquel 29 de julio  y confiar en que  siempre pasará lo mejor…

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